viernes, 9 de diciembre de 2022

Cuando tenía..


 Cuando tenía como cuatro años..

Era en  el mes de mayo y ya hacía frío , en aquella tarde gris , en que  se venía arrimando la nochecita .

Me acuerdo mucho de esa tarde , que quedó grabada por siempre en mi memoria.  

Era mayo ,  hacía frío y en la cocina estaba con mi hermanito que era bebé y andaba gateando de un lado a otro.

Mi mamá había ido hasta la vereda a entrar  la leña que le habían traído . 

En esos tiempos en mi casa había una cocina de hierro , que le llamaban cocina económica donde se encendía  la leña y no solo se podía cocinar encima de las llamas , sino que tambièn calefaccionada y hacía más agradable el ambiente en esos días gélidos.

Mi mamá me había dicho antes de abrir la puerta : - Cuidá a tu hermano   que voy a entrar la leña – 

Luego cerró la puerta y yo me quedé un poco impresionada por ese encargo de mi mamá de cuidar a ese gurisito inquieto que iba de un lado a otro.  

De pronto miré la mesada, que estaba bastante alta y encima había un calentador ( primus le llamaban ) que tenía un tanque redondo con queroseno de donde emergía una boquilla que terminaba encima como en una flor con un sombrerito por donde salía las llamitas medio amarillas y a veces azuladas . Para que funcionase debidamente,   después de encendido mediante  un adminículo se podía  por medio de presión regular la llama con menor o mayor  intensidad.

Cada tarde más o menos a la misma tarde , mi madre ponía a calentar una caldera ( recipiente para hervir agua que tiene un pico por donde sale el vapor , cuando alcanza su ebullición  ) para que estuviera caliente al llegar mi papá de su trabajo.

La caldera  estaba sobre el primus ,  la llamita  estaba bajita, y parecía que estaba por apagarse. 

- Està por apagarse y en un ratito ; va a llegar papá  . El agua no va a estar caliente para que tome mate . Pensé en ese momento . 

¡Entonces tuve una idea genial !

Arrimé el taburete de madera bien cerca de la mesada y luego con mucho  esfuerzo,  poniendo un pie en el palito transversal me subí colocando primero mi pancita sobre la parte plana . Después me paré encima  y con una mano intenté sostener el tanquecito del primus y con la otra  quise dar un bombazo para que la llama fuese más alta. 

¡ Tan difícil no podía ser! Si yo veía cuando mi mamá lo hacía y seguro podía tambièn hacerlo yo tambièn.

En ese momento una catarata de 2 litros de agua hirviendo se vino sobre mi humanidad 


Mi madre apareció de golpe  gritando , gritando yo sentí un calor intenso  que se iba apoderando de mi cara y parte de mi cuerpo.

- Mamita , mamita, no llores – Le decía a mi madre que estaba en estado de desesperación . Ante los gritos de mi madre, apareció el vecino de al lado de nuestra casa. 

Fue él quién se animó a sacarme toda la ropa ; camisetas de franela, buzo de algodón, babuchas , saco de lana y medias . 

Y adherida a la ropa se fue parte de mi piel . Un ardor dificil de describir me recorrió toda entera.

Hasta el día de hoy recuerdo ese dolor intenso que parecía acrecentarse a medida que pasaban los minutos.

Mi madre seguía en estado de crisis  , cuando llegó mi padre y en un taxímetro me llevaron al doctor.

Yo tuve quemaduras de 1er y  2do  grado . Mi cara completamente quemada , tanto que a las horas estaba tan hinchada que no podía abrir los ojos. 

-Mamita no puedo ver – Gemía yo mientras intentaba poder abrir los ojos y nada! 

Un enfermero venía a diario a extraerme con una jeringa  el agua de las ampollas de mi cara con mucho cuidado , me curaban con una pomada negra que era de Alemania , claro que yo no sabía leer todavía pero eso es lo que siempre decían en las  conversaciones, cuando hablaban del tema.  

Tres  meses más o menos estuve para recuperarme , las cicatrices han quedado grabadas en mi cuerpo como testimonio de ese momento . 

Las vecinas venían a visitarme y la vecina de enfrente de casa me regaló un autito de policía que le daban cuerda y  se deslizaba por debajo de la cama de un lado a otro encendiendo  una lucecita  roja .

 A mi hermanito que por suerte  no le había sucedido nada , tambièn le gustaba ver correr el autito sobre el piso de tierra. 

Yo me recuperé al tiempo  y me quedó la piel muy sensible al sol . 

Hasta adulta nunca pude ponerme ropa sin manga ni escote por las cicatrices sobre mis hombros y brazos . 

En realidad era  por un trauma que había desarrollado mi madre, que quería protegerme de  las miradas y preguntas de las personas curiosas que  todo quieren saber!! 

Hace unos años la dermatóloga me dijo que yo tenía menos arrugas que las que debería tener  para mi edad cronológica porque debido a la quemadura perdí la primeras capa de piel. 

En realidad no me preocupan  las arrugas que tengo , porque son todas   mías  . Al paso de los años  han aparecido algunas cicatrices que aunque digan que no se notan , yo las veo y reconozco , como huellas de mis vivencias y de esa “travesura “ que realicé cuando tenía como cuatro años… 

Nery Guerra Alvarez 

 Derechos reservados 






 








2 comentarios:

  1. Si es que no paraste nunca quieta.
    Ja ja ja ja ja.
    Bueno lo peor, puede ser la base de un recuerdo para siempre.
    Este tuvo final feliz

    ResponderEliminar
  2. Nunca lo había pensado .... pero si , creo que siempre estaba inventando algo con que entretenerme jaja

    ResponderEliminar